Última semana niñas en desigual

Estadísticas de igualdad de género

Muchos aficionados al deporte sostienen que los deportes femeninos son aburridos en comparación con los masculinos. Al mismo tiempo, los deportes femeninos, en comparación con los masculinos, apenas se retransmiten en los medios de comunicación. Por lo tanto, ¿podrían los medios de comunicación estar haciendo creer a los aficionados al deporte femenino que es menos deseable al darle menos cobertura? Utilizando la teoría del establecimiento de la agenda, la teoría del encuadre y el efecto de mera exposición, se desarrolló una intervención para promover los deportes femeninos entre los aficionados al deporte. La mitad de los participantes vieron películas de deportes femeninos cada semana durante 4 semanas. Los resultados indican que la intervención redujo los prejuicios hacia las atletas femeninas después de 3 semanas, pero no tuvo ningún efecto sobre el interés hacia los deportes femeninos. Los estudios futuros deberían sumergir a los participantes en la acción en vivo de los deportes femeninos, en lugar de las películas destacadas.

Las mujeres han luchado por la igualdad a lo largo de la historia. En el deporte, concretamente, a las mujeres ni siquiera se les permitía ver los Juegos Olímpicos (11). Cuando por fin se les permitió participar en los deportes, las mujeres tuvieron que someterse a pruebas de género para asegurarse de que no eran hombres tratando de engañar al sistema (62). Además, la cobertura de los deportes femeninos no sustituyó a la de los perros y los caballos hasta 1992 (42). A día de hoy, las atletas femeninas siguen recibiendo una cobertura mediática significativamente menor y diferente a la de sus homólogos masculinos. El propósito de este estudio es examinar cómo la creciente exposición a los deportes femeninos influye en las actitudes hacia el deporte femenino.

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La pandemia de la desigualdad de género

La brecha salarial global de género, que mide el impacto combinado de la ganancia media por hora, la media mensual del número de horas pagadas (antes de cualquier ajuste por trabajo a tiempo parcial) y la tasa de empleo, se situó en el 36,7% en 2018.

La mayor parte de la brecha salarial de género sigue sin explicarse en la UE y no puede vincularse a las características del trabajador o del lugar de trabajo, como la educación, la ocupación, el tiempo de trabajo o la actividad económica para la que trabaja la persona. Una mayor transparencia salarial ayudaría a descubrir las diferencias salariales injustificadas por razón de género por un trabajo igual o de igual valor y ayudaría a las víctimas de la discriminación salarial a buscar reparación y hacer valer su derecho a la igualdad salarial.

Hay diferencias considerables entre los países de la UE. La diferencia salarial entre hombres y mujeres oscila entre menos del 5% en Luxemburgo, Italia y Rumanía y más del 19% en Austria, Alemania, Letonia y Estonia. En la mayoría de los países, la diferencia salarial entre hombres y mujeres está disminuyendo, mientras que en unos pocos incluso está aumentando.

Sin embargo, una menor diferencia salarial entre hombres y mujeres en determinados países no significa necesariamente que el mercado laboral de ese país sea más igualitario. Una menor brecha salarial entre hombres y mujeres puede darse en países con una menor tasa de empleo femenino en los que la mayoría de las mujeres con mayor potencial de ingresos (por ejemplo, con mayor formación) se incorporan al mercado laboral.

Igualdad de género en el mundo

En toda la región del sur de Asia, las desigualdades derivadas de la casta, la clase, la religión, la etnia y la ubicación se complican aún más por las graves discriminaciones de género que frenan el progreso y el desarrollo tanto de las niñas como de los niños. Los datos existentes apuntan a que, a pesar de los considerables avances (sobre todo en materia de educación y sanidad), siguen existiendo brechas de género críticas. En todos los países del sur de Asia, los valores patriarcales y las normas sociales tienden a privilegiar el acceso de los hombres y los niños a las oportunidades y el control de los recursos. Estas desigualdades se manifiestan a lo largo del ciclo vital: desde la concepción, el nacimiento, la infancia, la adolescencia y la vida adulta.

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El acceso limitado a los servicios sanitarios provocó una mortalidad y morbilidad estimadas en 228.000 niños y 11.000 madres durante la primera oleada de la pandemia[1].  Los informes también advierten de que es probable que 4,5 millones de niñas no vuelvan nunca a la escuela y estén en peligro debido al deterioro del acceso a los servicios de información y salud sexual y reproductiva[2]. Además, 147 millones de niños del sur de Asia no pueden acceder a la transmisión digital o a la enseñanza a distancia y, dado el contexto patriarcal de la mayoría de los países del sur de Asia, las niñas tienen menos probabilidades de acceder al aprendizaje digital que los niños[3].

Ejemplos de desigualdades de género

Las diferencias de género en el tiempo de trabajo remunerado y no remunerado son un aspecto importante de la desigualdad de género. Las mujeres suelen dedicar más tiempo al trabajo no remunerado del hogar y al cuidado de la familia, y los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado. Esta distribución desigual del tiempo crea barreras para el avance de las mujeres en el trabajo y reduce su seguridad económica.

La innovación tecnológica a través del aprendizaje automático, la robótica y la inteligencia artificial probablemente automatizará muchas tareas y trabajos, mejorando así la productividad, liberando tiempo y permitiendo que menos trabajadores hagan más. La innovación tecnológica presenta una oportunidad para replantear la distribución del tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado, abordar la desigualdad en la división del trabajo doméstico y de cuidados entre mujeres y hombres, y proporcionar tiempo para la mejora de las competencias y el aprendizaje permanente necesarios para beneficiarse de las oportunidades futuras.

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Esta primera sección de este informe presenta un análisis sobre por qué las horas de trabajo son importantes para la igualdad de género, y qué papel pueden desempeñar las políticas relacionadas con el tiempo en la reducción de la desigualdad de género y, en general, de la desigualdad social y económica. Los resultados muestran la creciente contribución de las mujeres al trabajo remunerado y destacan que, a medida que el promedio de horas de trabajo de las mujeres ha aumentado, el de los hombres no ha disminuido. La desigualdad en el tiempo remunerado y no remunerado ha seguido siendo especialmente acusada entre madres y padres. A continuación, el informe destaca la creciente desigualdad entre quienes trabajan mucho y quienes lo hacen de forma intermitente, a tiempo parcial o durante todo el año. Además, el análisis muestra que esta polarización en el tiempo de trabajo remunerado está agravando cada vez más las desigualdades raciales.